No aranceles a cambio de los datos biométricos de los mexicanos con la nueva CURP
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By Antonio Ferrera
La presidenta Claudia Sheinbaum, durante las negociaciones de los aranceles de Estados Unidos hacia los productos mexicanos, introduce una ley en el Congreso mexicano para que al número de identificación de mexicanos —que actualmente no cuenta con fotografía ni firma— se le agreguen datos biométricos, los cuales incluirán escaneo del rostro, fotografía, huella digital y firma.
Esto surge a raíz de la demanda de la Secretaría de Seguridad de Estados Unidos, que le pidió a la presidenta Sheinbaum permitir el acceso a los datos biométricos de todos los mexicanos, tanto dentro como fuera del país.
En las últimas conferencias de prensa, se ha cuestionado a la presidenta sobre la transparencia de los detalles y qué tipo de condiciones está aceptando México para satisfacer las amenazas arancelarias.
En la mayoría de los casos, a la prensa que ha solicitado esta información no se le ha dado una respuesta directa ni detallada; las contestaciones se reducen a expresar que México tiene buenas relaciones con Estados Unidos y que las pláticas continúan en mesas de trabajo.
Este jueves 3 de abril, ya se están celebrando “el tri$nfo” de mantener el tratado de libre comercio y el aumento del 25% a todos los productos que estén fuera del tratado, con la excusa de que es una penalización por la incapacidad de controlar la producción de fentanilo en México.
*“Es un excelente trabajo realizado por la administración de la presidenta”*, dicen voces en la mañanera, cuando perfectamente se sabe que los aranceles dañarían más a Estados Unidos que a México, y que la interconexión entre ambos países es imposible de romper, ya que Estados Unidos no tiene suficiente producción agrícola ni la mano de obra barata de las empresas automotrices, que ofrecen sueldos por debajo del salario mínimo estadounidense.
Entregar los datos biométricos de todos los mexicanos a Estados Unidos no es cooperación, es subordinación, independientemente de la publicidad que diga lo contrario. El secretismo sobre lo que se está cediendo en las negociaciones entre México y Estados Unidos —a cargo de Marcelo Ebrard en Washington— no ha sido transparente, y al parecer hay muy poca presión para que se revele.
Hay que recordar que Marcelo Ebrard, cuando fue secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de López Obrador, cedió los datos biométricos a una sola empresa francesa, la cual tiene como único cliente al Pentágono. Esto ocurrió cuando se digitalizaron los pasaportes mexicanos, promovidos como una buena idea.
Otro anuncio que la *presidencia champagne* hizo durante las negociaciones arancelarias es que impondrán, en todo el sistema de salud mexicano, protocolos generales al estilo estadounidense, aplicables a todos los doctores que brinden servicio privado y público en el país. Esta imposición de protocolos beneficiará a la industria farmacéutica extranjera, en su mayoría de origen estadounidense.
Estos protocolos médicos pueden compararse con las semillas transgénicas —como el maíz transgénico—, que están patentadas y solo pueden comprarse y usarse bajo las condiciones y reglas del modelo económico tipo franquicia.
Ese tipo de protocolos ha destruido el sistema de salud en Estados Unidos, convirtiéndolo en un simple negocio de compradores y vendedores, donde ya no se permite a los doctores curar a sus pacientes a menos que sigan los lineamientos dictados por las grandes farmacéuticas y las aseguradoras médicas.
Estos protocolos van en contra de la promesa que hacen los doctores de priorizar la curación de los pacientes, ya que, aunque las enfermedades puedan ser similares, se manifiestan de manera distinta en cada cuerpo. Los médicos deberían tener la libertad de decidir los mejores tratamientos, pero estos protocolos los obligan a recetar únicamente lo que les es dictado.
La mañanera de hoy terminó con un video de *“mujeres en la historia”* y con una decena de periodistas celebrando el triunfo de algo que no se sabe qué se negoció. Pero sí se pudo ver lo que sí se cedió: los datos biométricos de los mexicanos y la imposición de protocolos estadounidenses en el sector salud de México. Y la pregunta es: *¿y cuánto más?* A la soberanía se le respeta, pero si das permiso… *¿está bien?*